El amanecer tenía un brillo diferente aquel día. El sol se filtraba por las cortinas de la habitación de Lautaro, tiñendo todo de un color dorado suave, como si el universo mismo quisiera avisarle que algo estaba a punto de cambiar.
Abrió los ojos despacio, sintiendo esa mezcla entre ansiedad y emoción que solo aparece cuando sabés que tu vida va a dar un giro.
Sobre la mesa de noche, el celular vibró.
Era un mensaje de Sergio, su entrenador.
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