El sol pegaba con furia esa tarde. Las gradas estaban repletas. Padres, alumnos, profesores y hasta ojeadores de la Universidad Nacional de Deportes habían llegado al campo de juego del complejo sur. La semifinal prometía. No solo porque el ganador pasaría a la final, sino porque enfrentaban al equipo sensación del torneo: la Escuela Nepul, la misma que venía de destrozar al San Martín por un 6-2 que todavía resonaba en todos los pasillos.
En el hospital, la televisión estaba encendida. Gabriel