La noche cayó suave sobre la ciudad, como si intentara cubrir con su manto oscuro el dolor que se había derramado en las últimas horas. En el hospital, el silencio solo era interrumpido por el pitido constante de los monitores, un sonido mecánico que, sin embargo, representaba la esperanza más humana: la vida.
Jenifer despertó sobresaltada. El corazón le latía con fuerza. Las imágenes de sus padres, los gritos, la sangre… todo volvía a ella en oleadas. Intentó moverse, pero el dolor en el cuerp