El día brillaba con un calor dorado que abrazaba Milán. Rose Moretti, ajustándose el vestido azul de lunares blancos, caminaba con paso ligero y una sonrisa que no podía contener. Hoy había decidido que sería un día solo de risas y recuerdos, y que compartirlo con amigos sería lo más importante.
Sacó el teléfono y escribió rápidamente:
—Chiara, ¿quieres acompañarnos al parque de diversiones? Creo que sería lindo pasar el día juntas.
No tardó en recibir respuesta.
Chiara: “¡Por supuesto! Me pong