La mansión Vescari resplandecía como una joya encendida en medio de la noche invernal.
Las luces navideñas no solo decoraban la fachada: la abrazaban. Columnas de mármol envueltas en guirnaldas doradas, balcones cubiertos de ramas de pino natural y lazos rojos de terciopelo, ventanas iluminadas desde dentro como si cada habitación guardara un secreto cálido.
La nieve caía lentamente, silenciosa, mientras los autos de lujo llegaban uno tras otro. Los portones de hierro se abrían con solemnidad,