El apartamento de Rose y Francesca era un refugio acogedor en el corazón de Roma. Ubicado en un edificio antiguo de ladrillos rojizos, pero con interiores modernos y espaciosos, estaba lleno de luz a pesar de la tarde gris que se colaba por las ventanas. Las paredes, decoradas con fotos de ambas en distintas etapas de sus vidas, contaban historias de viajes, fiestas y momentos de complicidad infinita. Estantes repletos de libros, plantas que se enroscaban por el marco de las ventanas, y lámpara