Mundo ficciónIniciar sesiónEl aliento de Silas Sterling olía a tabaco caro y a una decadencia antigua que hizo que el estómago de Aria se contrajera.
La fijeza de su mirada era como un escalpelo retirando las capas de su disfraz, y por un segundo, Aria estuvo segura de que el Senador llamaría a seguridad y que su cabeza terminaría en una bandeja antes de que la orquesta terminara el vals.
— ¿Se queda usted sin palabras, señorita? — insistió Sila







