Tres años después...
La luz de los Hamptons en septiembre tenía una cualidad dorada y mística, como si el sol quisiera recompensar a la tierra por todas las tormentas del pasado.
En los jardines de la mansión, el aire ya no pesaba con el aroma del miedo o la traición, sino con la fragancia dulce del césped recién cortado y el perfume de las hortensias que Eleanor cuidaba con una dedicación casi religiosa.
El rugido del Atlántico, que alguna vez fue la banda sonora de una huida desesperada, ahor