Aria se despertó con el corazón galopando contra sus costillas.La luz pálida de la mañana se filtraba por los inmensos ventanales de la habitación, bañando los tonos grises de la seda con una claridad cruel, Por un segundo, olvidó dónde estaba, hasta que el aroma a café recién hecho y el eco de las palabras de Killian en la oscuridad de la noche regresaron para golpearla.Tenía la garganta seca, como si hubiera tragado arena. Necesitaba agua.Se puso en pie, alisando su vestido arrugado de la noche anterior, y salió al pasillo con cautela. La mansión The Abyss, o, El abismo, parecía un museo desierto, silencioso y cargado de secretos.Ella siguió el aroma del café hasta una cocina de diseño industrial, toda en acero inoxidable y mármol negro, y al cruzar el umbral, se detuvo en seco.Killian estaba allí, envuelto en las primeras luces de amanecer.Pero no era el hombre de traje impecable del accidente, estaba descalzo, vistiendo solo unos pantalones de chándal grises que colgaban pe
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