Thiago apoyó la frente en la puerta antes de entrar. Valeria estaba de espaldas, guardando un pijama de Clara en el cajón. La casa junto al lago tenía esa quietud falsa de las madrugadas en guerra.
—Es Masuria —dijo desde el marco—. Andújar armó el rompecabezas. En cuatro horas, salgo al hangar privado. Van a entrar con la policía.
Valeria se giró muy despacio. No hubo grito ni pregunta, solo ese brillo en los ojos que había aprendido a esconder para no quebrarse delante de Clara.
—Voy contigo.