El pitido se estiró como una cuerda tensa… y no se rompió.
En la pantalla, una línea volvió a un ritmo terco, obstinado, como si el corazón de Thiago se aferrara al mundo con uñas invisibles.
Valeria no respiró hasta que el médico dijo en voz baja:
—Se estabiliza.
En ese momento soltó el aire que no había notado que retenía, y cerró los ojos un segundo haciendo una plegaria de agradecimiento silenciosa, mientras Mateo seguía dormido en su pecho. No había descansado en días, pero esa palabra—se