El silbido metálico de la bala se estrelló contra la carne. El eco del disparo aún resonaba cuando Thiago se arqueó hacia atrás, el impacto rozando su corazón. El aire se escapó de sus pulmones en un jadeo roto, como si el mundo entero se hubiese desplomado sobre su pecho.
—¡NOOOOO! —el grito brotó doble, desgarrador, desde dos gargantas opuestas.
Valeria lo soltó con un sollozo ahogado, apretando a Mateo contra su costado para que no cayera al suelo. Luciana, en cambio, extendió la mano hacia