El reloj marcaba las dos de la madrugada en un apartamento que no figuraba en ningún registro oficial. Las cortinas permanecían cerradas, y el aire olía a té fuerte y perfume caro. Luciana McNeil no dormía. No había dormido bien en meses.
Sobre la mesa, había un tablero improvisado con fotografías impresas, recortes, notas escritas a mano, y un mapa de Zúrich con alfileres rojos marcando puntos clave.
En el centro, una imagen reciente de Valeria, embarazada, saliendo del hospital.
Luciana la ob