El invierno comenzaba a retirarse de Zúrich. Las calles ya no estaban cubiertas de nieve, pero el aire seguía conservando ese filo frío que obligaba a la gente a moverse rápido. Para Valeria, era un alivio: podía caminar por las calles para tomarse un delicioso chocolate caliente en una hermosa cafetería cerca del hospital, una nueva rutina que había adoptado ya en las últimas semanas de su embarazo.
La rutina era perfecta en su sencillez. Thiago llevaba a Clara a la escuela por la mañana, pasa