No pude dormir.
No porque algo puntual me doliera, sino porque había algo suspendido en el aire, como una promesa no dicha que todavía vibraba. Me preparé un té. Me envolví en la manta gris. Miré por la ventana. Silencio. Ciudad dormida. Y sin embargo, dentro de mí, algo no se apagaba.
Me pregunté si él también estaba despierto. Si pensaba en mí. Si todavía tenía el sabor del vino, del pan tostado, de mi nombre.
Me pregunté muchas cosas. Ninguna obtuve.
Caminé descalza por el departamento. Pequ