El aire entre nosotros aún vibraba con la intensidad del momento. La declaración de Alex había quedado suspendida como una melodía perfecta, y yo todavía sentía el corazón acelerado, como si en cualquier segundo pudiera salirse de mi pecho. No había esperado que lo dijera así, con tanta claridad, con esa mezcla de vulnerabilidad y firmeza que solo él podía lograr.
Tenía sus manos sobre las mías, tibias, firmes, como un ancla que me sostenía.
—Todavía no puedo creerlo —murmuré, apenas audiblemen