El lago estaba en calma, reflejando el cielo azul pálido y las nubes como si fuera un espejo inmenso. A su alrededor, pinos altos cubrían las montañas, meciéndose con el viento fresco de primavera.
Reik suspiró, apoyado contra el pecho de Nicolás en la pequeña cabaña elevada, construida sobre un enorme árbol de cedro.
—No puedo creer que los abuelos aceptaran quedarse con los niños todo el fin de semana —dijo, sonriendo contra su cuello.
Nicolás rió, su voz grave vibrando bajo su piel.
—Livia y