Ella subió, cerró la puerta con un golpe seco, encendió el motor y arrancó.
Nathan y Nielsen apenas reaccionaron, corrieron hacia su moto.
—¡¡Ivanna!! —gritó Nathan, sin lograr que ella se detuviera.
Nielsen encendió la moto y Nathan se subió detrás. Comenzaron la persecución por la carretera helada, mientras la nieve comenzaba a caer con furia.
Ivanna solo quería escapar.
Del amor.
De la ternura.
De los ojos sinceros de esos dos alfas que la trataban como lo más sagrado.
Ella no podía…