Luego de pagar una fianza con lo poco que le quedaban por alterar el orden en el juicio, horas después, Daniel finalmente apareció en una esquina apartada del estacionamiento del tribunal, donde Kelly lo esperaba en su auto, con los labios apretados y los ojos llenos de rabia.
— Me humillaron, Kelly, perdí a los niños, perdí la empresa, lo perdí todo… — Gruñó Daniel, afuera de la ventanilla del auto.
Él intentó abrir la puerta del copiloto para entrar, pero no abrió, intentó jalar un par de