Los niños estaban inquietos desde temprano, no peleaban ni gritaban; solo daban vueltas por la sala con los juguetes en la mano, mirando a Mari cada tanto como si no supieran qué preguntar, cuando, al poco tiempo, llegó la terapeuta infantil.
— Quiero verlos juntos un momento y luego por separado… — Explicó la mujer, amable pero firme.
Mari asintió, ella se quedó en la sala de espera, escuchando las risas nerviosas de los niños y algunos murmullos.
Mari apretó las manos en su regazo, nervios