El primer sonido que Mari escuchó al despertar, fue la respiración tranquila de sus hijos, ella abrió los ojos despacio, la habitación estaba tenuemente oscura, las cortinas apenas entre abiertas dejaban pasar una línea de luz suave.
Dante estaba pegado a su costado derecho, enredado a su brazo, y Mario dormía casi encima de ella del lado izquierdo, con la boca entreabierta y el entrecejo ligeramente arrugado, como si aún estuviera afectado con las noticias sobre su padre del día anterior.
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