— ¡Ya basta, Daniel! — Gritó Mari, con convicción, desde el fondo del alma. — ¿En serio crees que vas a ganar algo con esto? Por favor… No seas patético.
Mari sentía el nudo en la garganta, la impotencia que la sobrepasaba, la rabia e indignación a punto de desbordarse, ¿De verdad él pretendía poner a toda su familia en su contra? Esto era el colmo.
Todo el esfuerzo que había hecho Mari, por recomponerse frente a su familia, parecía tambalearse.
Su padre, Máximo, viendo como su hija temblab