El viento movía suavemente las hojas de los árboles alrededor de la casa del lago, mientras el agua reflejaba el cielo grisáceo de la tarde, David corría, ansioso, para entrar en la casa.
— ¡Mari! — La llamó cuando entró en la sala, exhalando con fuerza.
Mari estaba sentada en el sofá de la sala principal, reunida con su familia, planeando, pues había mucho que arreglar después de lo sucedido con Daniel.
Las piezas del rompecabezas finalmente habían encajado en su mente: Kelly siempre apare