Lyra
El mundo se detuvo los sonidos de los martillos contra la piedra, el crepitar de las hogueras y los murmullos de los seiscientos lobos que ahora habitaban mi refugio se desvanecieron en un zumbido sordo solo existían ellos, mis hermanos mis trillizos, aquellos que compartieron el vientre de mi madre conmigo y que yo había dado por muertos bajo las vigas calcinadas de nuestro palacio.
Me aferré a ellos con una fuerza que me hizo doler los brazos, hundiendo mi rostro en sus hombros maltrat