Lyra
La paz de la madrugada era un espejismo. Apenas unas horas después de habernos entregado el uno al otro, cuando el calor de Kael a mi lado todavía era mi único refugio contra el mundo, el aire en la habitación cambió. No fue un ruido, ni un movimiento. Fue un olor. Un aroma a flores podridas y tierra húmeda de cementerio que se filtró por debajo de la puerta, serpenteando hacia nosotros como una serpiente invisible.
Me desperté con una punzada en el pecho tan violenta que me hizo doblarme