Lyra
La puerta se cerró y con ella murió el resto del mundo. El silencio de la habitación no era vacío; estaba saturado, denso, cargado con una electricidad que hacía que el aire pesara como el plomo. Kael no se movió de la entrada, pero su mirada dorada me recorrió con una lentitud que me hizo arder antes de que me tocara. Me sentía expuesta, pero no vulnerable; mi sangre, imbuida con la purificación y el calor de mi linaje, latía con una urgencia que nunca antes había experimentado.
Mis hermanos, la manada, los traidores... todo se desvaneció, dejando solo el pulso rítmico de mi propio deseo. Caminé hacia él, y cada paso era una rendición voluntaria. Cuando estuve a centímetros de su cuerpo, el calor que emanaba de su piel me golpeó como una ola. Kael dio un paso al frente, invadiendo mi espacio personal, y me tomó de la cintura. Sus manos eran enormes, calientes y posesivas, presionándome contra la dureza de su torso desnudo.
— No tienes idea de lo que me haces, Lyra —gruñó, y s