Lyra
El silencio en mi despacho después de descubrir los documentos era tan pesado que podía oír el chisporroteo de las velas consumiéndose. Kael permanecía frente a mí, con el uniforme aún manchado por la sangre de la incursión nocturna. Mis hermanos, Castian y Caelum, estaban apoyados contra la pared, observándonos. La revelación de que medio Consejo de Alphas había orquestado la caída de mi familia había abierto una herida que creía cicatrizada, pero lo que Kael dijo a continuación fue lo que terminó de cambiar el aire en la habitación.
— No solo fui por los documentos, Lyra —dijo Kael, su voz grave y desprovista de arrepentimiento—. Los tres generales que quedaban en la fortaleza de la Sombra de Acero, los que todavía le juraban lealtad a Dorian y que participaron activamente en la masacre de tu hogar... están muertos. Los ejecuté yo mismo antes de salir. No podía pedirle a mi antigua manada que te siguiera si todavía tenían a esos perros dándoles órdenes.
Un escalofrío me reco