POV. Amelia
Adrian siguió besándome, y el mundo se redujo al contacto de sus labios sobre los míos. Era un beso lento, profundo, que sabía a chocolate. Luego, su boca comenzó un descenso lento y deliberado por mi mandíbula, hacia mi cuello. Cuando sus labios calientes y húmedos encontraron ese punto sensible justo debajo de mi oreja, un gemido escapó de mi garganta, un sonido bajo y primitivo que no pude controlar. Inmediatamente me llevé la mano a la boca, mis ojos abriéndose con el pánico de