POV. Adrian
El silencio en la sala era una bestia viva, respirando entre nosotros, alimentada por el miedo de Ana y el horror reflejado en los ojos de Amelia. Pero yo no sentía miedo. Sentía una fría y familiar calma que se asentaba en mis huesos como el acero. Era la misma calma que me había mantenido vivo en los peores momentos de mi vida. La furia era un lujo, y el pánico, un suicidio. Lo único que importaba era el objetivo: traer a Thomas y Suzie a casa y aniquilar a la persona que se atrev