POV. Amelia
Me quedé mirándolo, atrapada en la órbita de sus ojos azules, dos pozos de luz líquida en la penumbra de la cocina. Aún me sostenía, sus manos firmes en mi cintura, mi cuerpo pegado al suyo, el calor de su pecho filtrándose a través de la fina tela de mi camisón. El mundo se había reducido a esto: a la cocina a oscuras, a la luz tenue y fantasmal del refrigerador que pintaba sombras danzantes en su rostro angular, y a las palabras que acababa de pronunciar; palabras que resonaban e