El aire en la sala de interrogatorios seguía cargado, como si la oscuridad se hubiera impregnado en cada rincón, incluso después de que el prisionero fue retirado. Permanecí de pie, inmóvil, con la vista fija en la puerta que acababan de cerrar, intentando procesar lo que acababa de hacer. Mi corazón aún latía con fuerza, y aunque sabía que había tomado la decisión correcta, una parte de mí seguía sintiendo un peso extraño… como si una parte de mi alma se hubiera fracturado ligeramente.
No fue