Lamentablemente, tuvimos que volver a la realidad.
Cuando regresamos al castillo, tuve que despedirme por un momento de Madeleine antes de la cena para revisar los pendientes del día con mi beta. Marco me esperaba en el despacho con gesto serio. En sus manos sostenía un sobre sellado con el emblema de la manada Luna Roja. Apenas lo vi, mi rostro se tensó.
—¿Qué es? —pregunté.
—Según lo que dice aquí, ese bastardo está organizando una fiesta de compromiso.
Mi mandíbula se endureció. Apreté los p