Los días pasaban y la situación entre Enzo y Madeleine seguía igual. Ella permanecía confinada en su habitación y bajo estricta vigilancia. Seguía sin querer dirigirle la palabra a Enzo, era como una muralla fría e impenetrable, y eso desgarraba el corazón del alfa. Por más que intentaba congraciarse con ella, resultaba imposible. Incluso Greta, Leo, Dorian y los demás querían acercarse, pero ella los rechazaba totalmente.
—Estoy desesperado, tía. No sé cuánto tiempo pueda soportar seguir así —