Regresamos al castillo con el corazón hecho pedazos.
La noticia no necesitó ser anunciada. Bastó con nuestra llegada. Bastó con el cuerpo sin vida de Zarek, cubierto por la tela ceremonial, para que todo se congelara a nuestro paso.
Greta estaba allí, firme, esperándonos en la entrada. Su rostro reflejaba todo menos sorpresa. Lo supo en cuanto vio nuestros rostros, en cuanto percibió el aire espeso de tragedia. Avanzó sin decir una palabra hasta que quedó frente al cuerpo cubierto.
Nadie se atr