Nos encontrábamos en el comedor, disfrutando de un momento tranquilo. Madeleine se reía con esa dulzura que me desarmaba, mientras yo simplemente la observaba, agradecido con la diosa por permitirme tenerla a mi lado. Estábamos terminando el desayuno, hablando de detalles sin importancia, cuando la puerta se abrió con premura.
Marco apareció con el ceño fruncido y una expresión de urgencia en su rostro.
—Alfa, siento interrumpirlos, pero ha pasado algo importante.
Dejé los cubiertos a un lado y