Habíamos seguido a Freya y Astrid hasta Braverton. El coche se detuvo a una distancia prudente de aquella residencia antigua, construida en piedra negra, protegida por una barrera mágica apenas perceptible. El tipo que las recibió parecía una de esas criaturas que rara vez abandonan su refugio. Oscuro. Frío. Y con el aura suficiente como para que Marco se tensara a mi lado.
—¿Qué clase de lugar es este? —preguntó él en voz baja.
—Uno al que solo acudes cuando estás desesperado o cuando tienes m