Habían pasado dos días desde que Enzo partió, me inquietaba lo que pudiera haber sucedido durante ese viaje. Estar cerca de Freya siempre implicaba peligro, y no quería que por nada del mundo pudiera sucederle algo al gran amor de mi vida, porque ahora lo sabía: Enzo era lo que cualquier loba pudiera desear, un alfa en toda la extensión de la palabra, capaz de despertar las más bellas emociones y las más intensas fantasías.
Me encontraba en el despacho de Enzo. Los preparativos de la boda march