Regresamos al castillo después de haber disfrutado de un momento a solas en el bosque. Necesitaba darme un buen baño de agua fría para aplacar las hormonas que estaban haciendo de las suyas. Cada vez me costaba más trabajo estar cerca de Madeleine y no poder dejarme llevar por los deseos que me consumían.
Cruzamos los portones y me acerqué a ella, rodeándola con mis brazos.
—No tienes idea de cuánto te extrañé. Cada vez me cuesta más trabajo estar separado de ti —le dije con la respiración entr