El aire abandonó los pulmones de Chloe.
Thomas permanecía en el umbral de la puerta, su silueta imponente recortada contra la luz del corredor. Sus ojos de hielo barrieron la escena con una calma evaluativa que era mil veces más aterradora que la furia. Vió el caos y, luego, su mirada se posó sobre ella.
El corazón de Chloe martilleaba contra sus costillas, un pájaro frenético en una jaula a punto de romperse. Estaba atrapada. Su plan, su vida, todo estaba a punto de desmoronarse.
—Chloe... —la