El silencio que siguió al descubrimiento fue más ensordecedor que una explosión. Chloe permaneció inmóvil, el tiempo a su alrededor se detuvo, y sintió el corazón a punto de escapar de su pecho.
«No, no, no. Esto no es real. Esto no está pasando» repetía una y otra vez en su mente, un rechazo instintivo a la realidad.
El aire abandonó sus pulmones en una exhalación siseante. El pánico se volvió una tormenta frenética y silenciosa. No podía gritar, ni hacer ruido. Thomas estaba a un piso de dist