Al día siguiente, la mañana caía pesada sobre la oficina. El murmullo lejano de los empleados se confundía con el golpeteo de los tacones de Chloe mientras avanzaba por el pasillo con una carpeta en mano.
Sus ojos repasaban la agenda del día, repasando mentalmente cada reunión como quien se aferra a un guion para no perder el control. Pero, al pasar frente a la puerta entreabierta de la oficina de Brendan, un tono agudo y cargado de reproche la detuvo en seco. Reconoció la voz al instante.
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