La luz blanca del proyector bañaba las paredes de la sala de reuniones, mientras Chloe revisaba por enésima vez los archivos abiertos frente a ella. Los números parecían danzar en la pantalla y las notificaciones de correos llegaban sin pausa, como pequeños martillazos recordándole lo atrasada que estaba.
Respiró hondo y dejó que sus dedos recorrieran el borde metálico de la carpeta, como si aquello pudiera darle un ancla. La soledad de la sala era un alivio, un refugio donde nada ni nadie podí