88. Quiebra
Medea abrió lentamente los ojos, desorientada, y lo primero que vio fue el techo blanco de la sala donde estaba internada. Reconoció la voz de Kaien hablando con el doctor Samuel en el pasillo y, con esfuerzo, se incorporó. Ya no tenía las vías conectadas a sus brazos, aunque los sentía adormecidos; en cada lado quedaban dos pequeños parches blancos.
En ese momento su esposo entró en la sala. Al verla despierta, sonrió y se acercó para besarle la frente.
—¿Cómo te sientes? —preguntó con ternura