Mundo ficciónIniciar sesiónLiv nunca ha aceptado a Killian como su hermano, y aquel instinto al parecer no se había equivocado. Cada vez que lo miraba pavonearse con aquella arrogancia, hacía que la boca de su estómago se retorciera. Al mismo tiempo que sus sentidos le dijeran que continuara alejada de él todo lo que pudiera. Pero eso no sucedería, porque Killian estaba destruyendo su patrimonio familiar de una manera cruel y despiadada. Aquello no lo iba a permitir porque para eso había regresado al país, Liv estaba decidida a detenerlo. Aunque en el fondo sabía que no iba a ser una tarea fácil, puesto que además de haberse convertido en su enemigo, también era el hombre que ocupaba su corazón desde que era una adolescente. La hostilidad entre ambos comienza a transformarse en una atracción prohibida e inevitable. Es ahí cuando ella se da cuenta de que el deseo es mutuo, y da el primer paso. Killian es el orden que Liv necesita en su vida, y Liv es el huracán que Killian desea secretamente que lo arrase y destruya. Cuando la madre de Killian le cuenta el verdadero pasado familiar y la sociedad comienza a murmurar, él y Liv deberán decidir si es necesario mantener la farsa de la familia perfecta o dejar que de una vez por todas sus sentimientos fluyan sin importar las consecuencias. Porque cuando el deseo desafía a la razón, solo hace falta un roce, un suspiro o una mirada fuera de lugar para alcanzar el punto de quiebre.
Leer másOlivia recién encendía su ordenador, cuando escuchó el suave toque de la puerta. Estaba con un poco de mal humor, ya que la resaca por el evento de la noche anterior le estaba pasando factura en ese momento.
—Estoy muy orgulloso de ti, sabía que cerrarías esa negociación —le dijo su jefe, el señor Miller.
Le dio una sonrisa que no era más que una mueca, de hecho no tenía ganas de nada. Pero agradecía el gesto. El hombre era como un puente colgante… pocas personas se atrevían a pasarlo, y ella era una de esas.
—Muchas gracias…
—Esta noche tendremos una cena para celebrar este acontecimiento…
«¡Otra no, por favor!», pensó.
En el momento en que Olivia iba a responder, su teléfono celular comenzó a vibrar encima del vidrio templado de su escritorio. Frunció el ceño al darse cuenta de quién la llamaba. No le dio muy buena espina.
—¿Liv? —preguntó un tono de voz suave, pero al mismo tiempo angustiada.
—¿Sucede algo, Diana?
—Es tu padre ha sufrido un infarto, deberías volver a casa.
Olivia sintió que el corazón se le iba a salir del pecho al escuchar aquellas palabras, y fue tanto así que se reclinó sobre su lujoso sillón y apretó su mano libre en el apoyabrazos.
—Estaré ahí lo más rápido que pueda.
—Liv… —se hizo un silencio incómodo—. Tengo miedo que Martín no lo supere.
—Papá lo hará —fue lo único que dijo antes de terminar la llamada.
—¿Va todo bien? —el señor Miller no pudo evitar preguntar, y se acercó hasta quedar de frente a su escritorio.
—Es mi padre… —respondió aclarándose la garganta, no queriendo que se le escaparan las lágrimas—. Está en el hospital, debo ir a casa.
—Entiendo… —Miller no sabía qué decir, hizo un gesto que ella no supo descifrar. Era obvio que no le gustaba para nada que Olivia se ausentara, pero entendía que aquella situación se le escapaba de las manos.
—El contrato con la empresa asiática ya está cerrado, así que a partir de aquí no se necesitará mi supervisión —ella le recordó, recogiendo algunos documentos de su escritorio.
—De acuerdo, puedes preparar tu viaje ahora mismo —fueron las palabras de su jefe antes de salir de la oficina—. Estoy seguro de que te has encargado del más mínimo detalle, y no surgirá ningún problema.
En el instante que escuchó el clic de la puerta, se colocó la mano en el pecho y fue cuando entonces dejó de luchar para contener sus lágrimas. Se reclinó en su asiento y cerró los ojos. Se permitió en ese momento ser vulnerable.
—Dos años, papá —inquirió con voz baja y entrecortada por el llanto—. Dos años que lo preferiste a él en vez de a mí, que soy tu verdadera hija… tu sangre.
En ese momento a su mente llegó la última vez que hablaron.
—¿Cómo es posible, papá que confíes más en Killian que en mí? —ella inquirió.
—Él tiene más experiencia que tú en los negocios, cariño —fue su respuesta.
—¡Claro! —Olivia bufó—. Supongo que como también es hombre lo hace perfectamente bien —alzó las manos en exasperación—. Es ahí es en donde se marca la diferencia, ¿no es así?
—¿A qué te refieres? —Martín Grayson frunció el ceño.
Ella lo miró a los ojos de manera decida y firme, dio una respiración profunda antes de cuadrar los hombros para enfrentarlo.
—¡Vamos, papá, sincérate de una vez! —Alzó la barbilla de manera desafiante—. Todo esto de que no estoy lista para asumir el liderazgo de la empresa es porque soy mujer…
—¡Ja! No seas tonta, cariño —se burló su padre—. No hay necesidad de hacer un berrinche por esto.
—Sabes que no lo es, papá —le señaló con el dedo—. Nunca pierdes la oportunidad de decir que Killian es el hijo varón que siempre deseaste y que la vida te dio. Cuando sabes que estoy a su mismo nivel —hizo una pausa—. También fui a la misma universidad que él, y acabo de terminar mi postgrado…
—¡Por Dios, Liv! —su padre golpeó la mesa fuertemente y la hizo callar de golpe—. No tienes el porqué ser tan dramática, haces la misma comparación como cuando eras una adolescente.
—¿Dramática? —Olivia estaba furiosa por la comparación—. Desde que salí del instituto comencé a trabajar en la empresa, cada vacación de verano las dediqué a Grayson Corporation. Conozco cada departamento de manera perfecta, porque estuve en cada uno —hizo un movimiento con la mano—, y ahora me haces sentir una inepta con que eso de que no sé nada sobre mi propia empresa —miró a su padre y luego dijo sin ningún tipo de moderación dijo: —Killian no es tu hijo… —se relamió los labios—. No sé cuando vas a entenderlo, él nunca será nuestra sangre. Te esfuerzas tanto en creerlo que pasa a ser absurdo.
—¡Basta, Liv! —Martín gritó furioso—. El hecho de que hagas esta escena sin importarte quién esté presente —se refería a su asistente que los miraba con los ojos y boca abiertos—. Solo porque no puedes aceptar que otra persona esté más preparada que tú para este puesto. Me dice que sigues siendo la misma chiquilla malcriada.
Sus palabras fueron un cuchillo que atravesó su corazón, porque nada de eso era cierto.
—Papá… —tenía la voz entrecortada.
—¡No estás lista para dirigir esta empresa! —la cortó enseguida—. Y es mi palabra final, esta absurda discusión ha terminado. ¿Tienes algo más que decir?
—Tienes razón… Quédate con tu hijo pródigo, porque lo que soy yo… me marcho ahora mismo —ella dio un paso más y puso los dos puños encima de su escritorio haciendo un poco de ruido y con sarcasmo agregó: —Busca a otra persona para el maravilloso puesto que acabas de darme…
—¿Así qué renuncias? —su padre preguntó estrechando los ojos, y luego se reclinó en su asiento.
—Sí, porque lo que me has dado es un premio de consolación —respondió gritando con la mirada—. Conozco mi valor, señor Grayson y lo que me acaba de ofrecer es muy poco.
Salió de la oficina de su padre cerrando la puerta con un fuerte golpe, se encontró con la mirada de Killian y su asistente. Dio un paso hacia donde ellos se encontraban.
—¡¿Estás contento, ahora?! —le preguntó con sarcasmo a Killian—. Pero te juro que tu felicidad no durará mucho tiempo…
—¡Vamos, Liv! —Killian exclamó con tono de burla y abriendo los brazos, exclamó: —Tienes que aprender a perder.
Olivia se acercó un poco más, logrando quedar nariz con nariz porque Killian estaba sentado en la orilla del escritorio de la secretaria de su padre.
—No cantes victoria, todavía…
—¿Así tratas a tu hermano mayor?
—No eres un Grayson, tampoco compartimos la misma sangre —Olivia estrechó los ojos y luego con los dientes apretados agregó con desdén: —No eres mi hermano, y nunca lo serás.
—¿Liv? —El llamado de su asistente la trajo de vuelta a la realidad.
De manera rápida, Olivia se recompuso. Puesto que no quería que nadie la viera débil, así que de manera discreta se limpió las lágrimas.
—No tienes que hacerte la fuerte conmigo —la chica manifestó—, el señor Miller me ha contado lo que ocurrió con tu papá y ya tienes tu vuelo reservado. Así que solo tienes que ir a preparar tus maletas.
Dando un suspiro se levantó de su sillón.
—Gracias, Juliana —manifestó dándole un abrazo fuerte a su asistente.
—Yo te mantendré al tanto de como va todo por aquí —le dijo devolviendo su abrazo—, espero que todo se solucione rápido.
Se marchó a su apartamento, para hacer su equipaje. Mientras iba a la cocina por agua, se dio cuenta de que volvía a casa de manera obligada. Tenía dos años que no veía a su padre, y la razón tenía nombre y apellido Killian Gallagher.
Sacudió la cabeza, porque con tan solo pensar en él era una masa de nervios, chasqueó los dientes. Killian no era nadie en su vida, arrugó la nariz al pensar que ese sería su nuevo mantra.
Los trago se le habían pasado un poco, y más cuando encontró a Virginia discutiendo con Robert. —¿Qué crees que estás haciendo aquí? —él prácticamente la había empotrado en la barra. —Vine a pasar un buen rato…—Sí, conozco como terminan tus buenos ratos en la cama de cualquiera y embaraza —expresó Robert con desdén—. Está claro el porqué no sabes quién es el padre de tu hijo…—¡Eres un idi0ta! —exclamó Virginia tirándole la bebida a la cara. Fue cuando Olivia supo que tenía que actuar rápido, rebuscó en su bolso dinero en efectivo y se lo dio al bartender. —Quédate con el cambio —dijo antes de meterse entre Robert y Virginia. —Vamos, es hora de irnos… —dijo metiéndose en medio de ambos.—Es mejor… son tal para cual… —Robert resopló negando con la cabeza. Olivia lo miró estrechando los ojos, durante unos segundos notó confusión en el rostro de Robert. —No te equivoques, imbécil, yo no soy Virginia… —ayudó a su amiga a bajarse de la silla alta de la barra—. Salgamos de aquí ante
Olivia necesitaba aturdirse, por ese motivo no dudó en llamar a su mejor amiga Virginia y en ese momento estaban las dos en la barra del club de moda de la ciudad. —¿De verdad estás bien, Liv? —su amiga le tomó la mano cuando la observó tomarse un trago de un solo golpe.—¡¿Qué más da?! —respondió, arrugando la nariz como si la hubiese regañado la bebida y luego dejó el vaso encima de la barra. —Liv, ¿no deberías estar en el hospital con tu padre? —Virginia estaba siendo lógica.—Cada quien ahoga sus penas como puede, amiga —bufó y se encogió de hombros—. Además, mi a mi padre solo le importa el maravilloso… el único… el inigualable… Killian Gallagher el hijo que nunca pudo tener…—A ver, Liv. Vamos por partes, ¿quieres? —ella trató de centrarla—. Yo no creo que tu padre prefiera más a Killian que a ti.—¡¿No?! —replicó Olivia un tanto ofendida y haciéndole al bartender una seña para que le diera otro trago—. Le dio mi lugar en la empresa, le dio acciones de la empresa —negó con la
Killian se había arrancado prácticamente la corbata en el auto, lo cierto era que todavía estaba un poco aturdido por la presencia de Olivia. Pero aquello debió haberlo imaginado, porque su padre estaba enfermo. Era obvio que se dignara a visitarlo. Cerró los ojos, y se preguntó en ese instante en donde estaba la chica con ropa holgada, cabellos punk y piercing se pasó la mano por su barba incipiente. En ese momento se veía más hermosa que antes, aquel gesto en su nariz cuando no estaba de acuerdo en algo hizo que su corazón se calentara. Sin embargo, se atrevió a desautorizarlo delante de la junta directiva. Ya estaba pensando en más de una manera de hacerla pagar, pero ninguna tenía que ver con la oficina. Por supuesto, que había recibido una copia del informe que Olivia había presentado. Era un trabajo impecable, la propuesta junto a las proyecciones eran muy buena, y sobre todo que podían lograrse. Nunca dudó de sus capacidades, estaba claro que la rivalidad entre ellos fue una
Hacía ya mucho tiempo que a Olivia le importaba muy poco lo que pensaran de ella, para muchos siempre sería la niña malcriada de Martín Grayson. Por esa razón, mientras estuvo en Europa fuera del radar de su familia, había estado utilizando el apellido de soltera de su madre, y aquello la ayudó a surgir por sí misma. Hacerse de un nombre y no seguir siendo la sobra de su familia. Era cierto que todavía su fortuna no rivalizaba con la de su padre, pero podía alardear de los quince ceros en cada una de sus cuentas bancarias. El día que decidió irse de casa fue porque había aceptado una propuesta de una importante empresa en Miami, pero los tentáculos de Killian Gallagher llegaron hasta el lugar unos meses después. Su jefe la llamó a la oficina preguntando su relación con él, por supuesto que negó que lo conocía. Supo que era el momento de poner más distancia entre ellos. Incluso estuvo un par de semanas en Dublín, pero obviamente él buscaba a Olivia Grayson y no a Elizabeth Murray. So
Durante todo su viaje a América, estuvo pensando en su relación con Cassie. Se dio cuenta de que no lo llevaba a ninguna parte, lo único que realmente quería era hacerle pagar por querer verle la cara de estúpido. Por supuesto, que el hombre que se decía ser su mejor amigo Robert también estaba incluido, pero ya para eso tendría tiempo. En ese momento se encontraba en su ático en el maravilloso Manhattan, tomando un whiskey que era el mejor relax después de un largo viaje. Había llegado de noche y por la hora no iba a hablar con su madre, puesto que quería ver con sus propios ojos si era cierto que Martín estaba en situación crítica como su asistente Christopher le había comentado. Dio un largo suspiro, esa era la cuarta vez que estaba en New York ese año. Se había dicho que era porque algunos negocios no los podía manejar desde Dublín, pero la realidad era otra. Solo iba con la esperanza de encontrarse con Olivia. De quien sabía muy poco o las personas a las cuales les había dado e
Olivia no quería que nadie se enterara de que había regresado, por esa razón no llegó a la casa de su padre, sino que se alojó en un hotel. Era exitosa, tenía un buen trabajo y había usado sabiamente el dinero del fideicomiso que le había dejado su abuelo materno. Quien nunca estuvo de acuerdo en que su madre la abandonara de aquella forma y por eso toda su fortuna se la dejó a ella. Acostada en la cama, miró hacia el techo. Lo mismo que había hecho hacía dos años, incluso pidió la misma habitación. Dio un largo suspiro y chasqueó los dientes con fastidio. —No quería volver aquí —dijo en voz alta y luego cerró los ojos, imágenes de un bochornoso pasado llegaron de golpe a su mente. El jardín de su casa estaba convertido en el escenario para la gran celebración, su hermanastro Killian quienes se había convertido en el hijo pródigo, estaba de cumpleaños, además de haber cerrado una negociación de más de treinta mil millones de dólares con una empresa europea. Olivia también pudo hab
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