Mundo ficciónIniciar sesiónLiv nunca ha aceptado a Killian como su hermano, y aquel instinto al parecer no se había equivocado. Cada vez que lo miraba pavonearse con aquella arrogancia, hacía que la boca de su estómago se retorciera. Al mismo tiempo que sus sentidos le dijeran que continuara alejada de él todo lo que pudiera. Pero eso no sucedería, porque Killian estaba destruyendo su patrimonio familiar de una manera cruel y despiadada. Aquello no lo iba a permitir porque para eso había regresado al país, Liv estaba decidida a detenerlo. Aunque en el fondo sabía que no iba a ser una tarea fácil, puesto que además de haberse convertido en su enemigo, también era el hombre que ocupaba su corazón desde que era una adolescente. La hostilidad entre ambos comienza a transformarse en una atracción prohibida e inevitable. Es ahí cuando ella se da cuenta de que el deseo es mutuo, y da el primer paso. Killian es el orden que Liv necesita en su vida, y Liv es el huracán que Killian desea secretamente que lo arrase y destruya. Cuando la madre de Killian le cuenta el verdadero pasado familiar y la sociedad comienza a murmurar, él y Liv deberán decidir si es necesario mantener la farsa de la familia perfecta o dejar que de una vez por todas sus sentimientos fluyan sin importar las consecuencias. Porque cuando el deseo desafía a la razón, solo hace falta un roce, un suspiro o una mirada fuera de lugar para alcanzar el punto de quiebre.
Leer másAl parecer Killian creía que podía arrastrala a su insatisfacción personal, quizás para él solo era un deporte hacerla sentir mal o la manera de vengarse por comportarse con él como una niña malcriada cuando era apenas una niña. Una mezcla de ideas sin sentido rondeó por su cabeza. Cuando llegaron al restaurante parpadeó un par de veces, además del lujo y la opulencia. Era un establecimiento en donde se enaltecía la cocina en Irlanda, ofrecía una experiencia gastronómica que combinaba raíces francesas clásicas con productos irlandeses de temporada. Estaban orgulloso de tener cuatro estrellas Michelini. Su salón principal destacaba por sus techos altos con detalles dorados y una importante colección de arte irlandés, creaba un ambiente sofisticado y con un pasillo con mucha luminosidad que daba hacia un jardín privado. Olivia había escuchado del lugar y se decía que su menú era conocido por platos delicados como los raviolis de langosta y una bodega de vinos de clase mundial.Killian
Olivia tenía dudas de las intenciones de Killian, puesto que hasta el momento no entendía para qué le había invitado a Dublín. La excusa fue una gira empresaríal, pero algo le decía que eso no era del todo cierto. Además de la incomodidad que sentía de su parte cada vez que mencionaba el tema. Era como si le estuviera ocultando alguna cosa, por el hecho de que no le había comentado lo de la cena hasta que practicamente lo echó de la habitación. Todo eso lo pensaba mientras desempacaba alguna de sus cosas, y buscaba algo adecuado que ponerse para la cena. «¿Por qué no lo mencionó antes?», se dijo mientras que encontraba el vestido que iba a usar. Tenía que ser muy cuidadosa porque las críticas de Killian no eran constructivas, si no hirientes. Por eso se fue por lo clasico de color n3gr0 confeccionado en tela neopremo. Tenía un corte estilo patinadora incluyendo la falda acampanada y plisada que caía sobre los muslos, creando volumen y movimiento a la hora de andar.El escote delant
En el instante en que el auto se dirigió a una vía intercomunal, Olivia frunció el ceño.—¿A dónde vamos? —no pudo evitar preguntar.—Mi casa está en las afueras de la ciudad —respondió Killian sin mirarla a la cara, puesto que estaba tecleando en su portátil.—¿Es que tú no paras? —A ella se le escapó la pregunta y luego se tapó la boca por su indiscreción. Mágicamente, Killian dejó de hacer lo que estaba haciendo y la miró enarcando una ceja—. Lo digo porque desde que subimos al avión estás trabajando.—¿Estás preocupada por mí, Mo ghrá? —le dedicó una sonrisa sexy—. Interesante para una mujer que, "según", no siente nada por mí —hizo el gesto de las comillas con los dedos.—No —respondió ella aclarándose la garganta—, simplemente no entiendo cómo será la dinámica entre nosotros.Killian soltó una carcajada y el sonido ronco de su voz estremeció el cuerpo de Olivia.—Si quieres te puedo explicar detalladamente cómo será —le guiñó un ojo.Olivia quería decirle un par de cosas, y una
—Pues déjame decirte que pienso lo mismo: nunca podría serlo —Olivia arqueó una ceja—. Te gusta tanto lo barato y lo corriente…—Entonces… ¿por qué te abriste de piernas para mí?Aquella conversación estaba caldeando los ánimos; en cualquier momento saltaría una chispa.—Lo siento, fue mi error —le dedicó una sonrisa fingiendo inocencia—. Estaba tan aburrida que tomé lo primero que se me puso enfrente.Killian alzó una ceja y apretó la mandíbula.—Realmente, no sé qué me pasó contigo —hizo una mueca de desdén—. Me engañaste. Te juro que durante un tiempo creí que eras agradable, incluso un poco inocente… —negó con la cabeza y chasqueó la lengua—. Pero la manera en que me quitabas la ropa dejó clara una cosa.—¿Qué? —preguntó ella con cautela.—Que eres una arpía.Olivia soltó una risita.—Pues creo que te gusta que esta arpía te quite la ropa.Una vez más, la tensión eléctrica se apoderó del espacio.—Por eso digo que me engañaste —contestó él con tono grave—, en todos los aspectos.O





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