89. Noche para dos
Después de haber descansado casi todo el día, Medea se incorporó de la cama con nuevas energías. Al notar la ausencia de Kaien, se calzó las pantuflas de algodón y salió en su búsqueda.
El mareo había disminuido, aunque todavía sentía cierta pesadez en el cuerpo y un cansancio persistente en sus articulaciones.
Una sonrisa luminosa se dibujó en su rostro al encontrar a su marido en la cocina. Llevaba un delantal, pero debajo solo vestía unos pantalones negros de chándal.
Se mordió el labio infe