—¡No, señor! —respondió con firmeza el investigador al otro lado de la línea—. He revisado todo con cuidado. Ella solo baila ahí, nada más. No está involucrada en nada turbio. Su situación es diferente... su hijo está enfermo, y ella lo hace únicamente por necesidad. Necesita el dinero para mantenerlo con vida.
El hombre apretó el auricular con fuerza, sus labios temblaron un instante antes de soltar un suspiro cargado de dolor.
—¿Dónde está? —preguntó, su voz más grave, más pesada.
—En Ciudad B