Javier abrió los ojos poco después de que ella se fue, sintiendo la soledad como un peso abrumador en el pecho.
Su mano buscó el otro lado de la cama, anhelando el calor de Paula, deseando abrazarla de nuevo.
Pero cuando no la encontró, un escalofrío recorrió su cuerpo, como si tuviera un mal presentimiento de que algo no estaba bien.
—¿Paula? —su voz resonó en la alcoba, un eco de desesperación, pero ella no respondió.
—¿Paula? —repitió, esta vez con más fuerza, como si pudiera atraerla de vuel