Pasaron tres días desde aquel intento de asesinato que casi le costó la vida a Javier.
Paula no se había separado de la cama del hombre que amaba.
Sus ojos lo buscaban cada instante, su mano permanecía sobre la suya, temblando por la preocupación y el miedo.
Javier había despertado, pero aún no podía hablar; sin embargo, cuando sus ojos se encontraron con los de Paula, ella supo que, al menos, estaba vivo.
Ese simple gesto le transmitió una mezcla de alivio y angustia que la hizo contener las l