En el hospital
El ambiente en el hospital era casi irrespirable.
Paula estaba de pie, temblando, con las manos aferradas a la baranda de la sala de espera.
Cada sonido, cada paso en el pasillo, resonaba en su cabeza como un golpe seco, y su corazón latía desbocado.
La espera se sentía interminable, como una cruel tortura que no parecía tener fin.
A su lado, Norman intentaba mantenerse firme, pero su rostro revelaba la preocupación y la impotencia que compartían.
Ambos sentían que cada segundo se