LUCY MORETTI
El lápiz se deslizaba suave sobre el papel, como si mi mano supiera exactamente qué trazo seguir sin que yo tuviera que pensar.
Dibujar a Augusto siempre fue así.
Natural.
Intuitivo.
Como respirar.
Estaba en la terraza, sentada sobre una manta, con mis materiales regados alrededor y una taza de té ya frío a mi lado. El atardecer teñía el cielo con tonos dorados y rosados, pero yo no lo miraba. Solo a él.
Bueno… al dibujo de él.
Era mi forma de estar cerca cuando él no me veía.
Cuan